Colorito, un amigo para siempre
Lunita, cierra los ojos e imagina por un momento que te has convertido en un Ratoncito Dulces Sueños… sí, un ratoncito pequeñito, tierno y muy valiente, que vive nada menos que en la Luna.
Cada noche, cuando las estrellas comienzan a brillar, subes a tu pequeña nave espacial brillante para viajar hasta la Tierra peero… ¡ups! Esta vez algo salió distinto… tu nave hizo un ruido extraño, dio una vuelta inesperada y no logró llegar a su destino.
¿Qué habrá pasado? ¿Dónde aterrizaste? ¿Y cómo podrás continuar tu misión?
Ahora escucha esta aventura mágica y recuerda que hoy ¡tú eres un Ratoncito Dulces Sueños!
Había una vez un travieso duende mágico llamado Colorito que vivía en el Polo Norte. Una noche de luna llena, mientras jugaba en su trineo por el bosque, vio una estrella fugaz caer del cielo.
Para su sorpresa, no era una estrella fugaz, sino ¡un Ratoncito Dulces Sueños que había aterrizado directo desde la luna!
El ratoncito, que se presentó como Lunita, era un ser espacial muy simpático que había aterrizado de emergencia debido a una avería en su nave. Colorito ayudó al ratoncito a superar su miedo y pronto se hicieron grandes amigos. Juntos, fueron a la aldea Nöel, donde vivían muchos otros duendes mágicos.
Pero la amistad de Colorito y el diminuto astronauta enfrentó grandes desafíos. Al entrar a la aldea, los cachorros del perro Goldy, al sorprenderse con el nuevo visitante, le ladraron, lo persiguieron y voltearon, causando un gran caos frente al taller de Santa Claus.
Lunita se asustó mucho, pero Colorito lo protegió y finalmente, mascotas y duendes se hicieron amigos. Los duendes mostraron a Lunita cómo hacían los juguetes para los niños de la tierra y le enseñaron sobre los bellos deseos que ellos pedían en sus cartas, así como lo entretuvieron contando sus graciosas travesuras. Lunita decidió que ¡quería conocer a los niños del mundo entero!
Fue por eso que Colorito y sus amigos tuvieron una genial idea. Todos se lanzaron a un viaje en el trineo mágico llevando a Lunita para que conociera a los niños de todo el mundo, visitaron América y Europa, Asia, África y Oceanía y Lunita pudo vivenciar la alegría de las niñas y niños de toda la tierra.
Fueron días de aventuras y travesuras, pintando espejos, enredando cordones, escondidos en cualquier lugar, en el freezer o en la lavadora, causando risas y sorpresas a los niños del planeta.
Sin embargo, una vez de vuelta al Polo Norte, el viajero estelar comenzó a extrañar su hogar en Villa Quesiluna y su corazoncito ratonil se empezó a apagar. Dicen que los ojos de los duendes saben ver la verdad, y Colorito se propuso aquella tristeza remediar.
El líder Colorito, no dudó en convocar a todos los duendes para reparar la nave del ratoncito con los cachivaches y utensilios del taller de Santa Claus. Fueron horas y horas y mil horas de trabajo hasta que por fin lograron su propósito. ¡La super nave estaba reparada!
Así llegó el día de la despedida cuando Lunita pudo al fin volver a encender su nave y agradecer a sus nuevos amigos.
—Prométanme que cada vez que miren la luna, pensarán en mí y en nuestra amistad —dijo Lunita emocionada antes de partir.
—Siempre estaremos juntos, a pesar de la distancia —respondió Colorito sonriendo feliz.
Desde entonces, cada vez que los duendes mágicos miran la luna, piensan en Lunita y en los mágicos momentos que habían compartido juntos y se alegran de saber que los amigos verdaderos son como las estrellas, están siempre ahí aunque no siempre los veas.
Colorín Colorado, Lunita se ha marchado, y la magia de la amistad ha perdurado.